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El sentido de nuestras vidas, en busca del tesoro más preciado


“Cuando nacemos, lloramos mientras el mundo se regocija. Vive la vida de manera que cuando mueras, el mundo llore mientras tú te regocijas”

Desde hace algún tiempo que tengo un pensamiento recurrente, que me provoca inquietud e intranquilidad: ¿Cuál es el sentido de mi vida?

Si nosotros no pedimos venir a este mundo y tampoco tenemos control sobre el momento en que nos iremos, nuestra vida debe tener alguna función, alguna razón que le otorgue sentido. Esta cuestión constituye uno de los principales motores de nuestro desarrollo personal, ya que muchos de nosotros vamos en busca de nuestro más preciado tesoro: la autorrealización, que no es más que hallar el sentido de nuestra vida y desarrollarlo al más alto nivel.

Me horroriza pensar en que las semanas, los meses y los años vayan pasando y seguir igual, sin un propósito claro a desarrollar día a día. Poco a poco voy descubriendo que, si nosotros no actuamos sobre nuestra propia vida, ésta se toma la justicia por su mano y actúa sobre nosotros, sin previo aviso y sin preguntarnos si nos gusta o no lo que nos da.

Algo tengo claro, el camino hacia la autorrealización, en mi caso, es hacer aquellas cosas con las que siento que aporto valor positivo a las personas con las que me relaciono. A partir de esta premisa, todavía sigo buscando, aunque poco a poco voy tomando conciencia de que lo que me otorga más felicidad es el dar a los demás lo bueno que hay en mí, sea en forma de amor, comprensión, apoyo, conocimiento… Ya es un principio y estoy satisfecha del mismo.

Un amigo que siempre me aporta interesantísimos puntos de reflexión me hizo la pregunta del millón: “¿Sabes cuál es tu vocación?” Yo le respondí que tenía una ligera idea de lo que realmente hacía bien, de lo que invariablemente me hacía feliz: “Ayudar a los demás”. Pero de eso no se vive (pensé). Él añadió, que estaba seguro de que todos tenemos un propósito en la vida y que el mismo se relaciona directamente con los talentos especiales que nos definen.

Y en eso estoy, atenta a las señales de la vida, para descubrir, paso a paso, cuál es mi vocación con el fin de desarrollar mi persona al máximo y conseguir aportar así un mayor valor a todos los que me rodean.

Un abrazo y hasta pronto amig@s.

¿Para Qué? versus ¿Por Qué?


Siguiendo con el tema del autodescubrimiento, el crecimiento personal y la mejora de nuestro ser, sugiero sustituyamos el tradicional "¿POR Qué?" por una nueva y constructiva pregunta "¿PARA Qué?"

Generalmente, cuando nos hallamos en plena introspección, solemos identificar nuestros puntos fuertes y débiles, fijamos nuestras metas y pensamos en nuestros sueños en función de nuestro pasado, haciéndonos preguntas como: "¿POR qué me ocurrió tal o cual cosa?","¿POR qué siempre actúo así?", "¿POR qué no me llevo bien con tal persona?".

Os propongo sustituir ese heredado "¿POR qué?" por un proactivo "¿PARA qué?". Partiendo de la premisa que el pasado, pasado está y no existe y cuando existió, fue fruto exclusivo de nuestras elecciones en cada momento, al valorar sobre la vida que elegimos llevar de ahora en adelante deberíamos pensar en responder a las siguientes cuestiones: "¿PARA qué elegimos esto o aquello?" "¿PARA qué decimos A y no B?", "¿PARA qué seleccionamos a las personas que deseamos que sigan a nuestro lado?

¡Qué más da el "¿POR qué?" del pasado! (incluso el del presente...). Lo importante es pensar en los múltiples "¿PARA qué?" que determinarán nuestra vida a partir del segundo siguiente. Precisamente clarificando dichos "PARA", nuestras decisiones serán mucho más fáciles porque inevitablemente incorporaremos en nuestro proceso de valoración la opinión de nuestra "esencia personal" (valores, principios y sueños), con el fin de que lo decidido sea coherente con la misma.

Un ejemplo práctico: Si estamos inmersos en una discusión con un hermano o amigo íntimo y estamos a punto de "atacarle" con palabras que le pueden hacer daño, la pregunta más habitual que nos haríamos sería "¿POR qué?" Y la respuesta que seguiría a la misma sería algo así como "Se lo merece", "Él me ha atacado antes", "No soporto que me traten así"...

Mi propuesta es ir más allá, ya que lo que hagamos ahora puede determinar y limitar nuestro futuro para siempre. Si pensamos en términos de finalidad y coherencia con nuestro sistema de valores y objetivos, deberíamos preguntarnos "¿PARA qué?" vamos a hacerle daño y ver si la finalidad es esa o bien estamos disfrazando de agresividad una respuesta que podría ser mucho más constructiva (usando nuestras habilidades relacionadas con la asertividad). Por ejemplo: "Creo que deberíamos dejar de discutir. Probablemente ambos tengamos parte de razón y podamos resolverlo en otro momento, cuando nos calmemos un poco, lo veremos diferente".

Con esta última respuesta, estamos transmitiendo realmente lo que queremos hacer. No queríamos hacerle daño sino "pararle los pies" y lo hacemos de forma no hiriente. La discusión podrá continuar en otro momento, ambas partes tendremos la posibilidad de argumentar lo que creamos oportuno con mayor calma y respeto y la relación no se verá innecesariamente dañada.

El buscar el sentido a nuestras acciones es un buen camino para la mejora de nuestra relación con los demás pero también con nosotros mismos. Si cuando decidimos lo hacemos en términos de finalidad, nos sentiremos más seguros e íntegros y, muy probablemente, no nos equivocaremos tanto como si sólo observamos las causas (esos dichosos "¿Por qué?") que nos han atormentando siempre.

Que seas muy feliz.
Y como no, algunas citas:
"A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto y de pronto, toda nuestra vida se concentra en un solo instante" (Oscar Wilde)
"Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia delante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único" (Agatha Christie)
Y la mejor:
" ¿Me preguntas POR QUÉ compro arroz y flores? Compro arroz PARA vivir y flores PARA tener algo POR lo que vivir". (Confucio)